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Por qué un año hay muchas setas y otro casi ninguna

Por qué la cosecha de setas varía tanto de un año a otro: qué han mostrado los censos de muchos años en los bosques de España y qué no se puede deducir de ellos.

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A veces el año pasado las cestas no daban abasto y este año, en los mismos sitios, apenas hay nada. Investigadores españoles llevan años pesando setas en las mismas parcelas forestales e intentando entender a qué se debe. Veamos qué han conseguido y dónde terminan sus conclusiones, para que no esperéis de ellas más de lo que pueden dar.

Respuesta corta: sobre todo la lluvia

En los tres trabajos de los que vamos a hablar, las oscilaciones de la cosecha se relacionan en primer lugar con las precipitaciones. Pero esta es una conclusión sobre los promedios de las parcelas de muestreo. De ella no se desprende qué pasará en un bosque concreto un fin de semana concreto. 123

¿Cuánto pueden diferir los años? Muchas veces unos de otros

Lo mejor se ve en el trabajo de Alday y colaboradores (revista Scientific Reports). Durante ocho años seguidos, de 2007 a 2014, hicieron el seguimiento de 19 parcelas permanentes en zonas mediterráneas de España, a altitudes de entre 684 y 1615 metros sobre el nivel del mar. Midieron la biomasa de los cuerpos fructíferos, es decir, el peso de las propias setas, en kilogramos por hectárea. 1

Año Biomasa total de cuerpos fructíferos
2009 133 ± 22 kg ha−1
2011 25 ± 10 kg ha−1
2014 255 ± 35 kg ha−1

Hasta 2009 la cosecha fue en aumento, en 2011 se desplomó y en 2014 alcanzó el máximo de los ocho años. El signo «±» indica el margen de error: son valores medios por parcela, no el peso recogido en un solo lugar. Casi todo ese peso, el 94 % de la biomasa total, correspondió a especies que los autores consideran micorrícicas, por lo que su curva a lo largo de los años casi repite la total. 1

¿Qué pesa más: el año o el lugar? El año, pero por poco

Si la cosecha cambia tanto con el tiempo, surge la pregunta: ¿no será que lo decisivo es dónde está la parcela? Alday y colaboradores descompusieron la variación de la biomasa en partes. La mayor, un 42 %, corresponde a las diferencias entre años; un 34 %, a las diferencias entre parcelas, y un 17 %, a las diferencias entre localidades. Es decir, el lugar queda solo un poco por detrás del año. 1

¿Qué lluvia importa más? La de finales del verano y principios del otoño

Fueron precisamente las precipitaciones de finales del verano y principios del otoño las que más hacían oscilar la cosecha en estas observaciones. Los autores concluyen que en las zonas mediterráneas la precipitación es un recurso limitante: lo que frena la fructificación es precisamente su escasez. Tened en cuenta cómo se ha obtenido esta conclusión. Nadie modificó la lluvia a propósito; es una relación hallada en observaciones. Y hay otra salvedad de los propios autores: no muestran una tendencia a largo plazo. Ocho años dan una imagen de las oscilaciones, no de una tendencia. 1

¿Importa la espesura del bosque? Sí, pero mejor la media

Si la diferencia entre años es sobre todo cuestión de tiempo atmosférico, ¿de dónde sale la diferencia entre lugares? A esta pregunta responde el trabajo de Sánchez-González y colaboradores (revista Forest Ecosystems). No aporta observaciones nuevas. Los autores construyeron modelos de producción a partir de datos de parcelas de muestreo del norte de España: 90 parcelas de 100 m² en masas puras de P. sylvestris y P. pinaster. 2

Los autores parten de que la diferencia entre años procede sobre todo del tiempo atmosférico, y la diferencia entre lugares, del suelo, de la gestión, de la composición y la estructura de la masa y de las características de la parcela. Según sus resultados, sobre la cosecha influyen el tiempo atmosférico, principalmente las precipitaciones, y la suma de las áreas de las secciones de los troncos. En términos sencillos, es la suma de las áreas de las secciones transversales de todos los troncos por hectárea, una medida aproximada de lo denso que está el bosque. La cosecha depende de ella según una curva con una sola joroba, y la mayor cosecha prevista se da entre 30 y 40 m² por hectárea. 2

Aquí es fácil tropezar. Esos 30–40 m² por hectárea son la cima de la curva del modelo, no una medición en un bosque concreto ni una receta. Además, los propios autores señalan que los modelos existentes se basan en datos bastante locales y que todavía faltan herramientas para territorios grandes. 2

¿Qué pesa más en los pinares: la lluvia o el calor? La lluvia

El tercer trabajo ya no trata de cosechas pasadas, sino de escenarios. Herrero y colaboradores (revista Forests) construyeron un modelo para masas de pino marítimo (Maritime pine) y calcularon con él distintos escenarios. En el modelo entraron tres cosas: la relación entre la suma de las áreas de las secciones de los troncos y la densidad de la masa como indicador de la gestión forestal, las precipitaciones y las temperaturas medias de septiembre y noviembre. 3

Lo principal para nosotros: sobre la productividad total de setas en estas masas, las precipitaciones influían más que la temperatura. Pero es un resultado del modelo para una sola especie de árbol, y los escenarios son un cálculo, no algo que alguien haya visto en el bosque. 3

Qué se puede deducir de estos trabajos y qué no

Los trabajos son de naturaleza distinta: uno es de observaciones, otro de modelos con datos de parcelas y el tercero de cálculo de escenarios. Y coinciden en una cosa: todo depende de la lluvia. Estos son los límites. 123

  • Se deduce: según los censos de muchos años en los bosques de España, la cosecha oscila de un año a otro muchas veces su valor, y este vaivén se relaciona sobre todo con las precipitaciones; en el caso de Alday y colaboradores, con las de finales del verano y principios del otoño.
  • Se deduce: el lugar también cuenta. La diferencia entre parcelas explica una parte solo algo menor de la variación que la diferencia entre años.
  • No se deduce: que la lluvia de esta semana garantice setas en vuestro bosque el sábado. Todas las conclusiones se refieren a promedios de parcelas de muestreo.
  • No se deduce: que el resultado de pinares de una zona sea una regla para todos los bosques, ni que 30–40 m² por hectárea sea un consejo práctico. Es una predicción de un modelo con datos locales.
  • No se deduce: que ocho años de observaciones muestren una tendencia a largo plazo. Los autores dicen expresamente que no la muestran.

Y lo último: el Mapa de previsión de MicoRadar también es un cálculo de un modelo, no una observación de la cosecha, así que le valen las mismas salvedades.

Texto contrastado con las fuentes el 3 de octubre de 2026.

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Fuentes

  1. 1.Scientific Reports, 2017 (Alday et al.). Mushroom biomass and diversity are driven by different spatio-temporal scales along Mediterranean elevation gradients. https://doi.org/10.1038/srep45824
  2. 2.Forest Ecosystems, 2019 (Sánchez-González et al.). Yield models for predicting aboveground ectomycorrhizal fungal productivity in Pinus sylvestris and Pinus pinaster stands of northern Spain. https://doi.org/10.1186/s40663-019-0211-1
  3. 3.Forests, 2019 (Herrero et al.). Predicting Mushroom Productivity from Long-Term Field-Data Series in Mediterranean Pinus pinaster Ait. Forests under Climate Change. https://doi.org/10.3390/f10030206

Lo que dice nuestro modelo es una previsión, no una observación. Ninguna seta se identifica con seguridad por una foto o una aplicación; ante la menor duda, no la comas. Si alguien se encuentra mal después de comer setas silvestres, llama al 112.

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